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"Habéis sido llamados a la libertad" Gálatas 5, 13

Después de un largo periodo, Pablo abandonó la región de Galacia y continuó su itinerario evangélico buscando lugares adecuados donde fundar comunidades cristianas. Estando en Éfeso recibió noticias alarmantes: sus amigos los gálatas, que tan bien le habían tratado durante su enfermedad, se habían dejado cautivar por palabras halagüeñas de predicadores noveleros y habían renunciado a cuanto Pablo les había enseñado.

En este contexto, con tono visiblemente indignado, el apóstol se dirigió a sus amigos con las siguientes palabras: “Para ser libres Cristo nos ha librado: manteneos pues firmes y no os dejéis atrapar de nuevo en el yugo de la esclavitud (Gál 5,1).

Escribiendo estas palabras, Pablo, recordó su primer encuentro con ellos. Cuando él había llegado a la región, los gálatas vivían una religión de cumplimiento, en la que ritos y preceptos, excluían cualquier tipo de pensamiento y aprisionaban a los jóvenes creyentes en sus propias normas; el hecho de cumplir era una garantía de que todo se tenía adquirido. Pacientemente, se dedicó a explicarles el Misterio de Cristo; les habló del Maestro de Galilea, les contó su propia historia personal, seguramente, les explicó cómo de perseguidor de los cristianos se había convertido en anunciador del Evangelio. Poco a poco, Pablo los liberó de una falsa imagen de Dios que lo convertía en un mercader de salvación y les enseñó el rostro autentico del Padre de la misericordia que, por medio de Jesús, ofrecía una libertad auténtica e inagotable, la libertad del Espíritu.

Esta nueva imagen de Dios, era esperanzadora pero más exigente, pues ya no valían las normas bien cumplidas, sino que era imprescindible tomar las riendas de la propia vida. En ausencia de Pablo habían llegado otros misioneros con ideas diferentes que, además de desprestigiar al Apóstol, pretendían someter de nuevo a los gálatas al “yugo” del que Pablo les había liberado.

Estas palabras de Pablo se han transmitido a lo largo de los siglos y siguen siendo un acicate para nuestra comprensión de la libertad. Buscamos la libertad, queremos la libertad, pero nos dejamos aprisionar por multitud de precomprensiones, personas y situaciones. Pablo nos da la clave para ser realmente libres: reconocer el rostro de Dios y abrir nuestra vida a los otros.

En muchas ocasiones, nuestra imagen de Dios es falsa; sin darnos cuenta preferimos a un Dios con el que negociar y nos asusta la gratuidad del Dios de Jesús. Un Dios con el que relacionarnos con cercanía, un Dios débil que necesita de nosotros y que se entrega a los hombres sin miramientos, un Dios que se manifiesta y tiene su preferencia por los últimos, los excluidos.

La libertad de la que Pablo nos habla no es manipulable, es la vocación de todos los hombres: “Habéis sido llamados a la libertad” (Gál 5,13). Día a día descubrimos que este tipo de libertad exige de nosotros la renuncia a cualquier tipo de dependencia, de desánimo, de miradas grises y nos abre a un horizonte de servicio en el que los demás tienen un lugar preferencial. La libertad “en cristiano” pasa necesariamente por un único precepto, una norma, la del amor al prójimo.

Los horizontes de nuestro egoísmo empequeñecen cuando abrimos las puertas de nuestra libertad a los otros, a su vida, a sus problemas, a su mundo y dejamos que entren en nuestra historia sin cortapisas. Para ser libres es necesaria una buena dosis de sinceridad. Si los demás no tienen cabida en nosotros, quizá nos sentiremos bien y puede ser que la vida nos sonría, pero no podremos decir que somos libres, pues la libertad sólo es amiga de las vidas entregadas.

Muchos hombres y mujeres se han hecho eco de estas palabras de Pablo, entre ellos, Juan de Mata: su comprensión de la libertad pasó por salir de sí mismo y embarcarse en la aventura de abrir horizontes para la libertad de muchos. Dios y los que nos rodean son imprescindibles para nuestra felicidad porque somos felices en la medida que respondemos a nuestra vocación que no es otra que la libertad.

 

Ignacio Rojas Gálvez (Religioso Trinitario)

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